En Roma, como en todos los pueblos de la antigüedad, la esclavitud era considerada como normal, incluso imprescindible para mantener el ritmo de vida social y económico de los ciudadanos libres.

El dominus tenía poder absoluto sobre sus esclavos, que eran considerados una propiedad equiparable a los animales. Los servi carecían de cualquier derecho, incluso sus hijos pertenecían al amo. Ni siquiera eran propietarios de su vida o su cuerpo, de los cuales podía disponer su dueño a voluntad.