La palabra lubricán proviene de la unión de otras dos: lobo y can (lupus y canis), y hace referencia a esa luz incierta que queda en el paisaje cuando acaba de ponerse el sol, pero aún no ha llegado la oscuridad completa de la noche. En esa media luz del ocas, incierta, mortecina y engendradora de sombras inquietantes, los pastores ya no podían distinguir con seguridad si lo que se acercaba a su rebaño era su propio perro… o un lobo.